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“Los padres educamos siempre”

A propósito del tiempo de vacaciones, entrevistamos a Martha Moreno para profundizar en cómo debe ser la crianza durante este tiempo de descanso.


Martha Moreno es maestra por vocación. Durante muchos años se dedicó a la educación inicial y actualmente es especialista en asesoramiento educativo familiar. Además, es directora del departamento de  Formación y Orientación del Colegio Reina del Mundo. Ella nos da luces sobre qué herramientas pueden utilizar los padres para complementar la educación de sus hijos durante las vacaciones. 



Ahora, en tiempo vacaciones, ¿qué mensaje le darías como maestra a los padres de familia?


Les diría que educar es una misión sin tiempo. Estamos de vacaciones pero seguimos educando. A veces los papás creen que este tiempo es un descanso a su rol de padres y eso no es posible. Los padres educamos siempre y por eso no se puede bajar la guardia.


Las vacaciones son una oportunidad para crecer, seguir manteniendo horarios y rutinas, cultivar buenos hábitos y potenciar talentos. También para divertirnos en familia. ¿Qué nos da el equipo familiar? Identidad y pertenencia. Entonces, este trabajo no se puede dejar de hacer en este tiempo. De lo contrario, se corre el riesgo de que las vacaciones se vuelvan en un ocio pasivo, es decir, un tiempo sin sentido, sin límites, sin horarios, desperdiciando tiempos valiosos..


O no haciendo “nada”, también.


Exacto. Estando en la cama, mirando series o chateando todo el día. Si permitimos eso, desperdiciamos la capacidad de que nuestro hijo crezca, madure y sea una mejor persona.

Hoy con la industria tecnológica, el ocio va intoxicando no solo la mente, sino también la conciencia de los chicos.  Y estos otros educadores lo hacen muy bien. ¿Quiénes son los otros educadores? Todo lo que está a nuestro alrededor incluso en casa: la música, las series, el Internet, los retos, y por qué no decirlo, la pornografía también. Estos educadores compiten con padres y maestros de una manera tan creativa y atractiva que sacan del camino bueno a muchísimos niños y adolescentes. Y eso, ¿dónde ocurre? Ocurre en casa, estando los papás allí, por eso deben estar alertas. 


Le diría a los padres que hay que tener mucho cuidado con el aburrimiento, es un freno que no ayuda a crecer. Los hijos deben saber que descansar es cambiar de actividad con otro tipo de esfuerzo que nos ayude a ser mejores. Pero eso necesita supervisión y que los padres se involucren.


​​¿Cómo se puede dar la supervisión?


Hay muchas maneras de poner ciertos controles dentro de los aparatos tecnológicos. Muchos padres dicen: “Mi hijo sabe más de la parte digital que yo”, y es verdad. Pero si soy papá, tengo que saber eso antes que mi hijo. Entonces, ¿qué tiene que hacer el papá? Es simple: aprender e informarse. Para educar necesitamos dos cosas: conocimientos e intencionalidad. Nadie da lo que no tiene y nadie enseña lo que no sabe. 


Tengo un hijo en peligro por algún motivo, ¿voy a estar como Sherlock Holmes detrás de él todo el día? No.Tendré que prevenir y hablar con mi hijo, explicarle qué peligros existen. Otro trabajo muy importante es educar la voluntad. El problema no es el teléfono, es la persona. Mi hijo tiene que anhelar lo bueno. Si entra a una página pornográfica por casualidad, ¿puede llamarle la curiosidad? Sí, pero él sabe, por la buena información que ha recibido de sus padres o de la escuela, que es un lugar inadecuado. Entonces, la curiosidad puede, pero la responsabilidad puede más. 


¿Cómo se educa la voluntad? ¿Qué herramientas se necesitan?


La voluntad es una dimensión de la persona. Así como tenemos la dimensión física, afectiva, intelectual, tenemos la volitiva, la voluntad. Es mi capacidad de querer lo bueno. Pero para lograrlo yo tengo que ser entrenado. ¿Cómo? A través de hábitos buenos. ¿Desde cuándo? Desde muy chiquititos. Existen unos periodos sensibles entre los 0 y 20 años en los que tenemos la mejor disposición. No nos cuesta aprender,  solo necesitamos que nos motiven y nos entrenen. 


¿Cómo se aprende a caminar? Caminando, por la repetición de este acto. Igual con la voluntad. ¿Cómo aprendo a ser responsable? Teniendo encargos y haciéndolos todos los días. ¿Cómo aprendo a ser obediente? Respetando las normas, no trasgrediéndolas o entendiendo que no la puedo transgredir. ¿Y quién está detrás? Mamá, papá o algún cuidador.


Cuando aprovecho estos periodos sensibles desde el inicio, a partir de los 9 y 10 el hábito bueno se convierte en una virtud, se ha internalizado. Entre los seis y los doce años se da la mayor cantidad de períodos sensibles, o sea durante toda la primaria. ¿Por qué? Porque está preparando el terreno de la adolescencia. La voluntad es el timón de la vida. Estos hábitos buenos van definiendo mi capacidad de elegir para que yo a futuro haga buen uso de mi libertad y lleve bien las riendas de mi vida.


Entonces, ¿qué ocurre cuando se pasa el periodo sensible? No es que ocurra mucho. Pero a los tres años es más fácil que el niño aprenda a obedecer y respetar normas que cuando tiene quince. Por eso los padres deben de conocer los periodos sensitivos de sus hijos y aprovecharlo.


Respecto a la dimensión afectiva, existen padres que tienen la idea de inscribir a sus hijos en muchos talleres de verano, pero no se ponen a pensar en que es un tiempo para que ellos pasen tiempo de calidad con ellos. 


 Así es. Muchos padres piensan que el chico tiene que estar desde las 9 de la mañana hasta las 3 de la tarde haciendo muchas cosas. Está bien que el verano sea una oportunidad para potenciar habilidades, aficiones y talentos, pero creo que también hay cosas muy importantes dentro de los afectos. Hay que darles tiempos de encuentro, en los que voy educando sus sentimientos, validando sus emociones y poniendo nombre a lo que sienten.


Muchas veces los papás hacen de todo para que el hijo se sienta siempre bien, no se frustre. Hoy existen los hiperpadres que educan con tanta intensidad porque buscan que sus hijos tengan todo lo que quieran y más. Eso es pronosticarle al hijo un fracaso, porque no es real. Hay que aprender a decirles que no, ellos tienen derecho a que se les diga “no”.


A esta generación se le denomina “la generación de cristal”. ¿Esto se debe a lo que usted menciona? 


Sí. Primero porque el padre se vuelve el súbdito del hijo, este manda. Pero el niño necesita ser mandado y acompañado por la autoridad de un padre que le va marcando pautas. Esto no tiene que ver con que se ejerza esa autoridad de manera severa o con gritos. Las características de la autoridad son el buen humor, la serenidad y la deportividad.


¿Cuál es el problema? Es que los padres se exceden en ternura, exigen poco y no son firmes. A un hijo hay que darle siempre un poco menos de lo que necesita, para que lo que le falte se lo merezca. Pero hoy los padres son muy proveedores y van formando una generación de niños frágiles. Sobreproteger es desproteger. 


Por otra parte, el tema de las emociones y de los afectos tiene un sustento muy importante en lo que ven y ¿qué cosa ven? Ven cómo se tratan y se aman sus padres: la dinámica del amor. El amor en la familia es gratis.


Entonces el gran aval de la vida es primero haberse sentido querido y amado, valorado por quién soy, para poder amar. Y eso se aprende en la familia. La familia hace la persona y sin familia, no hay persona.

 

Alguna recomendación más que quisiera añadir para los padres.


La más importante es que los padres no deleguen su rol de padres. Ellos, hasta el final de los tiempos, van a seguir protagonizando la vida de los hijos.  Creo que los hijos no quieren padres perfectos porque no existen ni existirán. Pero, como decía el autor Gregorio Luri, los hijos quieren padres sensatamente imperfectos, que tengan sentido común y se esfuercen por ser mejores personas en lo sencillo de la vida, no en cosas heroicas. Por ejemplo, que el hijo vea cómo le cuesta al padre comer brócoli, pero lo come porque en la casa se ha instaurado que ahora va a haber una alimentación más saludable. Ahí se realza mi autoridad: el hijo ve que el papá se esfuerza. 


Otro punto elemental es educar a los hijos en el esfuerzo. Al hijo hay que exigirle todo lo que puede, porque eso le da experiencia de logro e infinita seguridad. Si su hijo tiene que asumir la responsabilidad de su agenda para hacer una tarea, ¿por qué la mamá utiliza el chat, pregunta cuál es la tarea y le resuelve la vida? ¿por qué si mi hijo en la universidad lo jalan cuatro veces le vuelvo a pagar el ciclo? Él tiene que trabajar y pagarse el ciclo. 


Y darle la oportunidad.


Sí, demostrarte que lo valioso cuesta y que él puede lograrlo. Hacer lo contrario es quitarle la posibilidad de que tenga una increíble experiencia de logro, que se asombre de las cosas y que las valore. Entonces a exigir un poco más. Ese es un amor bueno. A veces queremos ser padres buenos y no buenos padres. Hay una gran diferencia entre padre bueno, el bonachón, el que solo siente para querer; y el buen padre, que piensa para querer. Eso es.


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