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La experiencia de la Educación con una vida extraordinaria

Candy Salas, magíster en Gestión de la Educación, con más de 25 años de experiencia como docente de Educación Especial, discapacidades cognitivas, estimulación temprana e independencia personal en la Asociación Unámonos, nos concedió una valiosa entrevista  al conmemorar este 21 de marzo el Día Mundial del Síndrome de Down.



¿Cómo detallaría la aventura de dedicarse a la educación siendo docente de alumnos con habilidades diferentes?


Creo que preferiría contarles grandes experiencias. Por ejemplo, una de las que recuerdo con mucho cariño porque me enseñó y me marcó para toda la vida, fue la de trabajar con una niña, que de edad mental tenía aproximadamente sólo 3 meses. ¿Se pueden imaginar? Cualquiera diría que era una niña que sólo estaría para ser cuidada como un bebé.


Alguna vez, en el quehacer cotidiano, una persona del colegio cometió un error y por confusiones que siempre pueden suceder, se creyó que había sido yo. Los docentes somos personas y como cualquier persona, me puse triste. Volví al salón de clases y me senté en mi escritorio. Recé y lloré un poco. La niña estaba ahí, sentada con sus otros compañeros. Para que se entienda mejor, ella, por su edad mental, necesitaba siempre que la levanten para caminar, era custodiable, no podía estar sola.


¡Qué importante es darle cariño! Muchas veces buscan retribuirlo, pero no imaginé que podía pasar lo siguiente. Me recosté un poco en la mesa y cuando elevé mi cabeza, la niña estaba a mi lado, puso sus manitos sobre las mías y repetía ‘ya… ya… ya…’, sentí que se me salía el alma, no entendía cómo podía estar parada, ni intentando consolarme.


Entonces, comprendí que estos niños, por más que tengan una inteligencia muy baja, tienen los sentimientos en un nivel extraordinario. Con mucha naturalidad y pureza, hacen cosas que quizá nosotros quisiéramos, pero nos contenemos. Me transforma la vida ver a cada uno. Sólo me queda agradecer.


Sin duda, es una labor de muchas sensibles y nobles experiencias. ¿Cuáles serían los retos que enfrenta un docente en este sector?


Bueno, para todo docente, el trabajo junto a la familia es importante. Con los niños con síndrome de Down, hay un trabajo especial por hacer. Muchas veces se piensa que no pueden hacer nada, los tratan como eternos bebés o creen que no se dan cuenta de nada o que sus percepciones y emociones son muy vagas, superficiales. Los limitan en su desarrollo. Esta es una lucha constante para nosotros, los docentes.


A estos niños hay que corregirles la conducta, aunque algunos crean que hay que permitirles todo como les salga. Aún hay quienes piensan que no se pueden desarrollar normalmente en la sociedad o que a nivel social, no podrán ser ‘normales’, así que no hay mucho esfuerzo por hacer.


Para que logren su independencia, es necesario no ponerles tantos límites. Eso también es una lucha. Vemos algunos niños que ya son grandes, con una rutina implementada y trabajada en el colegio, para que puedan dejar de usar pañales, pero que los siguen usando porque fuera no se les facilitan las vías, siguen siendo tratados como bebés. No son eso, ellos pueden aprender.


La labor docente, también es un campo cargado de aprendizajes. ¿Cuáles son los que considera más relevantes hasta ahora, en su labor con niños con Síndrome de Down?


Que es muy importante tener esa relación de amor y paciencia. Hacer click con el niño, para luego poder ayudarle a desarrollar todas sus habilidades. Para eso, hay que ser conscientes que ellos aprenderán todo si se tiene en cuenta lo que está dentro de sus posibilidades. No hay que desesperarse porque no aprendan rápido, la clave más bien es la constancia. Hay que ser repetitivos, sabiendo siempre que lo vamos a lograr. Paciencia, amor y constancia. Por eso, como docente, debo cuidar mi felicidad. Hay que darles amor, hacerlos sentir importantes, con eso se logra bastante.


¿Alguna cosa a considerar para dedicarse a la docencia con niños con habilidades diferentes?


Pienso que no todos los profesores tienen esta vocación. Nuestra carrera profesional nos da la base, pero luego es la experiencia la que te ayuda a descubrir cuál es tu camino. Hay que tener vocación, que es experimentar profundamente el deseo de que ese niño salga adelante. Es también una responsabilidad, porque significa también que rendirás cuentas por cada niño, además del sueldo que ganes por tu trabajo.


El tiempo es valioso. Si pierdes el tiempo, pierdes la constancia y el niño pierde también. Tienes que sacar ganas para seguir luchando para que tus niños logren sus objetivos. Nuestra formación como educadores es la base, lo extraordinario se hace la práctica. Osea, ya en el campo, ‘tirarte a la piscina’ y ver de dónde te puedes agarrar. Hay que saber que tu niño va a seguir avanzando, poco a poco, pero contigo siempre venciendo las barreras que se te presenten.


Alguna vez alguien me cuestionó ‘¿por qué te matas tanto?’, a lo que yo respondí: Porque sé que tengo que rendir cuentas al final. Es una vida, es un ser que necesita y si alguien está en la capacidad de dar, perfecto, esa soy yo, que soy docente. Si quizá sientes que no tienes esta vocación, otro será tu camino, pero siempre hay que pensar en los niños. Es una gran responsabilidad.


¿Qué es lo imprescindible que debe tener un colegio para niños con habilidades diferentes?


Bueno, primero cuidar la estimulación temprana, desde que se integró este departamento en los colegios se han visto mejores resultados. Así como los departamentos de fisioterapia, rehabilitación, terapia de lenguaje y psicología especializada. Debe ser un trabajo conjunto, multidisciplinario. La educación física y la psicomotricidad son necesarias también, además de organizar las aulas por edades. 


También, serán importantes los talleres de inserción laboral en los que se los va preparando para salir a las diferentes empresas con las que se trabaje. En estos talleres, se prepara a los niños para que puedan desarrollarse y desenvolverse mejor. Se los debe estimular y hacerles rutinas para desenvolverse en casa y otros espacios. 


¿Hay algún impedimento para que ellos luego se desarrollen en distintas ocupaciones?


En general, un alumno con Síndrome de Down necesita el acompañamiento persistente del docente y la constancia de los padres. En el aula, hay que repetir hasta que aprenda, ese niño no puede irse como llegó. En cada actividad que nosotros hagamos, debemos ver un cambio.


Ahora, si bien su coeficiente intelectual puede ser inferior, ellos siempre podrán aprender las cosas básicas como ir al baño, ponerse la ropa, colaborar con el aseo, etc. No están incapacitados. Si les enseñamos bien, pueden aprender rutinas para tener ocupaciones, ya que cuando logran algo, es imposible que lo olviden, lo convierten en algo así como un hábito propio. Por ejemplo, si le enseño a uno de mis alumnos a llevar los platos sucios al lavaplatos, con el tiempo, lo hará aunque no se lo pida. Mirará que todos terminaron e inmediatamente llevará esos platos a su lugar. No los podemos descartar. Además, son graciosos, nos dan felicidad, alegran la vida, yo me divierto, me río un montón con ellos.


Y, finalmente, ¿Cómo puede un docente de educación básica regular, ayudar a que sus alumnos sepan interactuar con chicos con Síndrome de Down?


Pienso que aún debemos trabajar en la concientización. Generalmente los conocen cuando ya son grandes o porque alguno tiene un hermano y lo llevó al colegio o es un familiar y lo vieron en alguna reunión social en casa.


Si se tiene la oportunidad, sería bueno que les digan que son personas iguales, quizá mucho más sensibles que nosotros, porque aún se cree que ellos no sienten, no escuchan o no entienden, cuando en realidad guardan cada gesto, palabra o emoción. Llega un momento de su desarrollo en el que se ponen a pensar “Yo no soy igual que los demás, yo soy diferente”.


Los chicos llegan a darse cuenta, quizá no como nosotros, pero sí a su manera. Sería ideal aprovechar algunos momentos para conversar con los alumnos de educación básica regular sobre la interacción con alumnos con Síndrome de Down, de cara a su formación para dentro y fuera del colegio. Que comprendan que no son personas enfermas, que les pueden contagiar algo o que son tontos. Tengo experiencias dolorosas de niños que asistieron a colegios de educación básica regular, intentando ser incluidos, pero que regresaron tristes porque los hicieron sentir muy mal. Lo cual no es culpa del alumno, sino más bien, responsabilidad de todos, padres de familia y docentes.


Para poder integrar socialmente a los chicos con Síndrome de Down, debe haber una concientización y educación respecto al trato con estas personas. Deben enseñarles dónde, cuándo. Ese es nuestro reto como docentes, tratar de sacarlo adelante para que pueda desenvolverse de la mejor manera, pero hace falta también la comprensión de toda la sociedad.



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