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El Perú es una decisión

Por Edistio Camere, director de Antesala.


Las filas para auparse al avión le parecían interminables. Su corazón se hacía notar con los cambios de velocidad en sus latidos. Trataba de serenarse, las expectativas y las emociones le ganaban. No era para menos. Regresaba al Perú por vez primera, después de treinta años. En el avión, el pasado lo atrapó al evocar la última conversación que tuvo con sus padres: “- Me voy a vivir fuera. El Perú no tiene arreglo ni futuro. Es un caos”. Ni bien terminó de hablar, de soslayo vio correr un par de lágrimas por las mejillas de su madre, aun así, no volvió para sellar la despedida con un abrazo.


De camino a casa, era inevitable comprobar que los comentarios de sus compatriotas coincidían con lo que sus ojos veían por las calles de Lima. Con todo, al llegar a casa, los afectos, la alegría y algarabía de sus padres, hermanos, familiares y amigos de antaño lo conmovieron Los recuerdos, las bromas y anécdotas marcaban el ritmo de la reunión familiar. En un momento de la misma, se abstrajo y se dijo a sí mismo: ‘No recuerdo una reunión parecida. Me siento parte de, y que soy genuina y gratuitamente querido, a pesar del tiempo transcurrido. La familia ¡qué gravitante es!’ Se sirvió un poco de agua y se dirigió al jardín. La noche estaba fresca y el cielo lucía – no es usual en Lima – sus estrellas. Se sentó y continuó metido en sus pensamientos: ‘Por mis venas corre sangre andina y española, ser peruano es la síntesis de ambas influencias. Con mi familia, amigos, vecinos y conocidos nos unen, además del afecto y el respeto, una misma memoria, los mismos antepasados que incoaron la república peruana. Una misma historia que entrelaza nuestras biografías. Participamos de similares costumbres y tradiciones. Nuestro marco de referencia es una cultura que nutre sus raíces en la civilización occidental-cristiana. Vibramos al escuchar un vals, un huayno o una polka. Apreciamos al unísono la sazón que engalana nuestra comida.


Escuché decir que el ‘Perú es un país adolescente’. Lo malo es que nuestra patria aún siga siendo adolescente. Un adolescente es imprevisible, intenso, desordenado y todo lo cuestiona porque piensa que las ‘cosas pueden ser de otra manera’ y busca autoafirmarse. Con todo, convivir con un adolescente hace del futuro una posibilidad, es generoso y capaz de inyectar esperanza: sus talentos, ideas y sueños están en estreno. Mientras que, en el viejo continente, lo establecido, el bienestar, lo previsible ahogan las posibilidades de movimiento y la ilusión de la novedad’. Hizo una pausa y prosiguió: ‘qué difícil – ahora - elegir entre una vida segura, encauzada y una desconcertante, imprevisible y onerosa en su desarrollo. ¿Valdrá la pena apostar por mi país, mi familia y mis amigos? También es válido que mensualmente envíe un giro a mis padres, los ayudó y …calmo mi conciencia”. “La mesa está servida”, escuchó. De pronto, se hizo cargo de que el Perú no es solamente una emoción, es – sobre todo - una decisión.

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